Querida comunidad educativa, deseamos que Septiembre nos encuentre en plena tarea, “siendo luz y sal”, reverdeciendo y renovando nuestra vocación por la educación en nuestras instituciones.
Queríamos volver a compartir la invitación que hicimos en el
pasado Congreso Diocesano de agosto, haciéndonos eco de las reflexiones de León
XIV sobre la educación.
Primeramente, ojalá seamos capaces de llevar a nuestro
entorno (no solo en el aula sino también en la capilla, las oficinas, el
diálogo con las familias, el recreo, los pasillos, el lugar de deporte, etc) la
idea de una educación católica plurifacética, comprometida con todos los
ámbitos de la formación de la Persona.
Que podamos ser protagonistas de la “paideia cristiana”.
Esto nos ayudará a ser valientes promotores de la dignidad
humana. Viviendo desde nuestro rol de educadores la formación integral,
podremos entusiasmar a los demás por el sentido de Dios y de la realidad,
hablando “de corazón a corazón”.
De esta manera seremos también caminos de esperanza.
Ayudaremos a seguir a Cristo Maestro, diseñando los nuevos mapas de esperanza
en la cartografía de los tiempos que nos tocan vivir y en las comunidades a las
que fuimos dados como educadores.
A propósito de ello,
nos comenta el Papa que “(...) Allí donde
las comunidades educativas se dejan guiar por la palabra de Cristo, no se
retiran, sino que se relanzan; no levantan muros, sino que construyen puentes
(...)”
¡Animémonos en este desafío cotidiano y siempre nuevo!
Gracias por tanta entrega generosa, los sacrificios hechos y
los desvelos continuos en pos del crecimiento de nuestros estudiantes y sus
familias.
Gracias por testimoniar en cada hecho educativo que el
prójimo es valioso y que la Educación Católica es esperanza para todos.
Un cordial saludo en nombre de todo el equipo de JuREC,